Mi cuerpo es una herida

Muy buenas, gorriones. Aquí vuelvo una semana más con las pilas cargadas y la prosa apuntándote. Pensando de qué hablarte sobre el sexo y la diversidad funcional anoche se me vino a la cabeza algo tan interesante como complicado de explicar con palabras. Se me ocurrió a raíz de estar trabajando para unos recitales de poesía que haré este fin de semana en las calles de Granada y hasta me pareció buena idea.

Y ahora, con Macaco de fondo (¿por qué no estoy escuchando a Aerosmith o Machine Head?) y un zumo de piña (espera, ¿por qué estoy bebie…? Da igual). Perdón, me desvío de mis ideas. El caso es que voy a intentar explicártelo de la mejor manera que pueda. Siempre para que puedas sentirlo en tus propias carnes como si fueran las mías. Ahí voy. ¿Listo? Que voy, eh. Avisado estás.

Imagina que tienes una maravillosa Harley Davidson, un pelazo para lucir al viento (esto es opcional) y unas ganas bestiales de comerte el mundo. Vale, voy a ponértelo algo más sencillo por si tu imaginación hoy está dispersa. En lugar de una Harley, pon una bicicleta, o tú mismo corriendo o tú gateando por los pasillos de tu casa un sábado a las 6 de la mañana por la excesiva ingesta de… Borracho, sí. Igual eso es más fácil de imaginar.

Sigo, que hoy me está costando avanzar. Bien, pues imagina que tienes un pequeño accidente sin mayores gravedades (se te cruza un cervatillo con la Harley; un gato con la bici; o te das con todas las esquinas de tu pasillo por esa puñetera manía del mundo de moverse sin parar). El caso es que, por suponer, te haces una herida sin importancia (tranquilo/a, la Harley está bien y la bici… tendrías que haberla cambiado hace mucho).

Alguien se te acerca para ver qué tal estás e intenta tocar tu herida. ¿Qué ocurre? Ahí estamos. Te apartas por puro instinto. Sea quien sea. Simplemente te alejas porque… ¿A quién le gusta que le toquen las heridas? Duele. Es fácil de entender. Duele. Y ni siquiera nos agrada que nos las toquen para curarlas. Aunque eso al final se agradece y aguantas como un campeón el dolor.

Ahora es cuando empiezas, tú, amiga mía, a entender el título de este artículo. Mi cuerpo es una herida, ¿y a quién le gusta que le toquen las heridas? A mi hasta me pone nervioso a veces. Por eso pienso a menudo, ¿qué pasará cuando tenga sexo? ¿Me hartaré de llorar? ¿Me apartaré? ¿Me comerá la vergüenza?

Pero, por otro lado la idea es otra. Como he dicho, si es para sanarte sí que dejamos que se nos acerquen y lo agradecemos. Entonces: si alguien se acerca sexualmente a mí para sanarme… ¿qué pasará? ¿Me dejaré llevar? ¿Me sentiré mejor? ¿La satisfacción física del sexo aliviará mi cuerpo y por lo tanto aliviará mi mente?

¿Me respetaré más por darme el placer? ¿O lloraré porque me están tocando las heridas?

Pero claro, mi única posibilidad para tener sexo es recurrir a la prostitución y… ¿puede una prostituta ser cariñosa? Creo que no me cabe duda de que sí, al menos si encuentras la adecuada. Pero me preocupa más: ¿puedo ser capaz de aceptar el cariño que me puede ofrecer una prostituta?

Quiero tener sexo con alguien a quien pueda mirar a los ojos en lugar de estar mirando el reloj. Quiero tener sexo con alguien con quien poder sentir en lugar de sentirme culpable por pagar para follar. Quiero tener sexo con alguien con quien poder hablar después del sexo en lugar de estar pensando cómo carajo vuelvo a casa. Quiero tener sexo con alguien que bese mis heridas en lugar de que me las abra más.

¿Tan difícil es?

 

Soy una persona con diversidad funcional, tengo 24 años, soy de Granada y busco a alguna mujer con quien poder mantener relaciones sexuales. No me importaría tener que desplazarme a según qué sitios.

Escrito por Romero

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3 Comments to Mi cuerpo es una herida

  1. Lola la malagueña con gafas de pasta ;) dice:

    Hola

    Felicidades una semana más. Te leo siempre 🙂 y desde hace unos cuantos días mis amigas también.

    Comentando acerca de lo que escribes, nos pica la curiosidad de saber más de ti. ¿Qué tipo de diversidad tienes? ¿Cómo es un día a día tuyo?

    • Romero dice:

      Muy buenas, Lola. Y gracias una vez más.

      Me encanta esa curiosidad que tienes jaja La verdad es que el nombre de la enfermedad no vale para nada, como dice V en V de Vendetta: «Bajo esta máscara hay algo más que carne y hueso, bajo esta máscara hay unos ideales, y los ideales son a prueba de balas.»

      A veces uso una silla de ruedas, a veces una moto (en plan scooter) para moverme por mi pueblo. La verdad es que mi día a día no será muy diferente al que puedas tener tú o cualquiera. Tengo la suerte de contar con maravillosas personas que me ayudan en todo lo que necesito y gracias, en una gran parte, a ellos hago todo cuanto quiero. No me privo de conciertos, de viajes, de cervezas, de juergas, de hacer rutas a lugares con paisajes preciosos… Una vez le dije a un amigo: «Tú y yo tenemos una manera distinta de coger el vaso de cerveza, de beber… Son distintas y sin embargo nuestros vasos acaban igual de vacíos y nosotros igual de borrachos».

      ¿Queda más o menos resuelta la curiosidad? 🙂

      Un abrazo enorme.

  2. Aaron dice:

    Muy chulo el artículo!

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